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La Evolución de Piccolo

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La Evolución de Piccolo

Mensaje por Romario el Jue Ago 23, 2012 7:48 pm

Nada que decir, este articulo me encantó demasiado, sobre todo por tratarse de mi personaje favorito -w-

De paso también dejo el blog de este genio

Aunque tiene cierto humor que creo que solo The Man va a entender, pero igual

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Cuando el árbitro-presentador-comentarista del Torneo de las Artes Marciales le pidió de favor a Piccoro, durante la 25ta edición del certamen, que no volviese a destruir la plataforma de combate como lo había hecho en la Final de la 23era, dos etapas tan distantes como diferentes de un mismo personaje se encontraron y el contraste, en retrospectiva, fue notorio.

Piccoro ya no era el mismo que el que alguna vez tomó parte del Tenkaichi Budokai con el fin de limpiar de su camino a los peleadores que podían obstaculizarlo en su afán por apoderarse del mundo, tal y como había anhelado su padre y conquistado en un par de oportunidades.

Por supuesto, él no fue el único que cambió con el correr de la serie, casi todos los personajes principales lo hicieron, pero el de Piccoro fue indudablemente un giro de 360º. Ninguno modificó tanto su personalidad y formas de pelear (las dos características constitutivas principales de los personajes de Dragon Ball) como lo hizo él, a tal punto de poder distinguirse claramente dos etapas totalmente opuestas, como si se tratase de dos personas distintas.

Como la mayoría de los amigotes de Gokú, Piccoro comenzó siendo su rival, y en su caso, acérrimo enemigo mortal. Con el tiempo, y por conveniencia o necesidad, debió aliarse a él para afrontar amenazas superiores. Aunque hasta cierto tramo de la serie mantuvo su fin último de acabar con él, terminó asumiendo que le sería imposible, y para este momento ya se había convertido en uno de sus compañeros y amigos.



Es importante hacer hincapié en su relación con Gokú, en torno a ella es que Piccoro va moldeando sus aspiraciones, que a su vez van marcando la pauta de su personalidad. Cerrando el círculo, los cambios en su personalidad son los que por último redefinen su posición frente a Gokú. Piccoro se construye, así como lo hará Vegeta hasta casi el final de la serie (cuando acepta que Kakarotto es el insuperable número uno), a partir de su comparación con Gokú. Claro que esa construcción tomará diferentes sendas y ribetes que las de los demás, porque Piccoro tiene una historia previa particular, que lo liga instintivamente, naturalmente, hacia “el Mal”, de la que no se puede separar.

Caractericemos un poco al primer Piccoro Junior, Majunia, el Hijo del Mal. Nacido para vengar la muerte de su padre, Piccoro Daimaoh, y continuar con su legado, transformar a la Tierra en un mundo lleno de maldad. De buenas a primeras sólo está interesado en un individuo: Gokú. Es quien ajustició a su padre, el único capaz de ponerle freno a sus planes.

Piccoro, el que irrumpe en el 23º Tenkaichi Budokai con sólo tres años de edad (pero con un aspecto adulto juvenil) es confiado, arrogante, presumido, perverso, arrojado, despreocupado, un poco descuidado e imprudente. Sonríe todo el tiempo, también se ríe y es gritón, está siempre muy seguro de sí mismo, pero también se sorprende fácil. Todavía no es un guerrero plenamente formado y a menudo subestima a sus rivales, como lo hizo con Krillin en el combate por los Cuartos de Final de ese mismo torneo. La experiencia en el Tenakichi Budokai le sirve para tomar conciencia sobre las potencialidades de los otros peleadores, para reconocer su existencia como tales y saber que ni él ni Gokú son los únicos, como creía en principio. Se vuelve más cauto.



Tales eran las características propias de Piccoro en un comienzo, las que tiene que poseer todo personaje del que se pretenda, rivalice con el protagonista. El Vegeta de la saga de los Saiyajins/Freezer será muy parecido.

Creo que todos estamos de acuerdo en que este primer Piccoro es muy diferente al sumamente serio, cauteloso y meditativo personaje que terminó siendo después. El cambio de Piccoro no fue simplemente de malo a bueno, fue mucho más. Se puede decir que Yamcha alguna vez fue un “malo”, un delincuente y que después se encarriló, lo mismo para Ten Shin Han, pero las personalidades de uno y otro no se transformaron radicalmente cuando pasaron a las filas del “bien”. El primero siguió siendo mujeriego, pícaro, canchero, amistoso y perdedor (?), y el segundo apenas se volvió más solitario, pero continuó siendo un personaje cerrado y serio.

A Piccoro, en cambio, el pasaje le costó su personalidad entera, su escencia inicial, al punto de volverse el resultante, un opuesto del primero. El primer Piccoro representa todo lo que no es ni desea ser el segundo. De ahí que el cambio haya sido más complejo.

¿Cómo se produce? Es bastante gradual y después de la saga de los Saiyajins, donde continúa produciéndose, se vuelve imperceptible. El quiebre, a mi entender, se da cuando enfrenta a los Saiyajins, Nappa y Vegeta. Si su corazón se humaniza a raíz del vinculo que establece con Gohan, su forma de ser se modifica cuando es consciente de que en su rol como máximo rival de Gokú ha sido sustituido. Esa es, creo yo, la causa principal. Al finalizar lo que en el anime conocemos como Dragon Ball a secas, Piccoro se erigía como el enemigo definitivo de Gokú. En adelante podían aparecerse otros, pero él no dejaría de ser el más importante. Sin embargo cedió ese lugar a Vegeta, que lo ocupó hasta el final de la serie, siéndolo incluso después de haberse vinculado familiarmente a su grupo de amigos y habiéndose aparecido varios villanos más poderosos que él. La oposición Piccoro – Gokú se quedó en el camino poco después de haber comenzado a andar.



Durante el entrenamiento de Gohan, Piccoro aún tenía muy clara su relación con Gokú y sus objetivos para con él. “Luego de acabar con los Saiyajins”, decía, el siguiente sería Gokú. Sus planes se mantenían intactos y la irrupción de enemigos mucho más poderosos era tan sólo una mera pausa en su tensión con el protagonista.

La demostración de Raditz le impactó, le volvió más precavido, y el anuncio de la llegada de sus camaradas lo llevó a cuidar más la estrategia, a planificarla y a pensar más en ella, lo hizo más pensante. Supervisar a Gohan lo ablandó, lo acercó más a Gokú. Al arribo de los Saiyajins al planeta Tierra, Piccoro ya había modificado sustancialmente su ser.

Reemplazado una vez por Vegeta, se enfrentó a la pregunta “¿Y ahora qué hago?” (no literalmente, el personaje no es más que las ideas que Toriyama tuvo sobre él y no tiene vida propia, no es que haya hecho terapia para encontrarse a sí mismo). ¿Qué era Piccoro? ¿El rival de Gokú? No. Tenía deseos de superarlo, pero cada vez se veía más lejos. Matarlo ya no estaba entre sus planes, menos a medida que su amistad con Gohan se fortalecía. ¿Protector de Gohan? Tampoco, entonces… ¿Qué era? ¿Qué lugar ocupaba? Pues, tuvo que resignarse a seguir el camino del resto de los resagados: Entrenar por amor al arte y oficiar de extra en cada una de las épicas batallas libradas por los Super Saiyajins. Bastante triste para un personaje que supo estar en el techo de los más fuertes (apeniiiitas por debajo de Gokú) durante un buen período de la serie. Fue humillado por Vegeta que más de una vez lo llamó “insecto”, cuando tiempo atrás era él que descalificaba a sus oponentes tratándolos de “basuras” o “estorbos”.

Claro que tuvo breves momentos de gloria recuperada, como cuando se fusionó con Nail y le dio una paliza a Freezer. En esa ocasión, curiosamente, afloró su antigua personalidad, reprimida mientras no se supiese el más fuerte. El factor “poder” influyó mucho. La única vez que el Piccoro de la etapa “Z” me recordó al viejo Piccoro fue inmediatamente después de fusionarse a Nail y salir disparado diciendo exultantemente “¡Yo ganaré, no importa quién sea mi oponente, yo nunca perderé! ¡Por fin he obtenido el máximo poder! ¡Mmja ja ja!”, con una radiante sonrisa dibujada en la cara. Algo similar aunque en menor medida sucedió tras su fusión con Kami Sama y sus enfrentamientos ante Cell imperfecto y Nro. 17.




Salvo esas excepciones, el Piccoro post llegada de los Saiyajins ya no fue el mismo. Se trataba de otro personaje. Se volvió mucho más solitario aún cuando obtuvo amigos (antes ni los tenía), como dije antes y todos sabemos, más serio, sensato, inteligente y, con su última fusión, más espiritual y meditativo. Fue cediendo terreno respecto a la fuerza pero ganando en sabiduría. Se volcó definitivamente hacia el “bien”, hacia la protección de la Tierra y todos los seres vivientes, abandonó por completo la escencia heredada de su padre, rompió con él y con la Familia del Mal (en esto también influyó el enterarse de que no era ningún demonio, sino más bien un extraterrestre). Dejó de ser Piccoro Junior en forma definitiva.

Por eso, cuando el conocido presentador del torneo le pidió que tuviese cuidado con el tatami, ya no trataba con la misma persona. No tenía ni que preocuparse, el finalista del 23º Tenkaichi Budokai ya no existía, no era más que un difuso recuerdo.

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